Holchoch




Para Ana, que me tiene hecho un Carlos Felipe.


Advertencia: las historias que están a punto de leer son reales, sólo los nombres fueron preservados para evitar posibles confusiones en lectores desprevenidos. Atte: Yo.

I

No hace mucho, el circo de tres pistas llamado “150 aniversario del Inicio de la Emancipación Política del Estado de Campeche” se trasladó a Palizada para presentar a su estrella exclusiva, don Carlos Felipe Ortega Rubio, mejor conocido en el mundo de la farándula como “El azote de la simpatía”. Poco antes de la llegada de éste, arribó el gobernador, don Jorge Carlos Hurtado, quien fiel a su costumbre fue a saludar a los asistentes y a repartir sonrisas y palmadas, hasta que un fragor de guerra lo obligó a suspender el baño de pueblo.

Alertas, el gober y demás asistentes vieron a lo lejos la amenazante polvareda que advertía la inminencia del líder del Congreso, mejor conocido en el mundo político como “El verdugo del carisma”, quien venía como poseído por el mismísimo mayate de Fabiruchis después de la faena sin paga y escoltado por su Sonora Legislativa. Fiel a su costumbre, que no es la del gobernador, el precandidote (autosic) don Carlos Felipe pasó como bola de boliche entre la muchedumbre, con esa cara de puta madre que muchos atribuyen a molestias estomacales que piden a gritos un bacín o arbolito, y no se detuvo siquiera cuando estuvo a punto de aplastar a su amigo y favorecedor don Jorge Carlos.

Pasada la estampida, quieto el polvo y el ruido, don Jorge Carlos lanzó la misma pregunta que el resto de los campechanos se ha hecho desde hace años: “¿Qué le pasa a Carlos Felipe?”, y luego, en plena labor de rescate de los damnificados del huracán “Jelipe”, sentenció (o descubrió): “Así no va a llegar a ningún lado”.

II

Escondido tras la polvareda que genera don Carlos Felipe, don Jorge Luis González Curi anda en campaña. Díganme si no: anuncia un día sí y otro también formidables logros turísticos que son absoluta, total e indudablemente ciertos; da pláticas sobre superación personal a alumnos preparatorianos que, casualmente, serán votantes en 2009; se toma tiernas fotografías con los Niños Custodios por primera vez desde que inició el sexenio, y el colmo: para no dejar dudas de que sí, sí y sí va por la grande, el jueves pasado declaró a un periódico local que estos son tiempos de trabajo y que en ningún momento ha pensado en ser candidato a la grande.

Es más, aprovechando los festejos por el Día del Abogado y del Ingeniero, envió sendas tarjetas de felicitación que suscitaron opiniones encontradas. Un amigo comentó: “Tiene 20 años que salí de la Facultad de Ingeniería y nunca había recibido tarjetitas ni un carajo del arquitecto. Ya ni jode”, pero una conocida, de profesión abogánster, estaba tan contenta y encandilada que hasta se atrevió a decir: “Pónganse bien conmigo que voy a ser parte del gabinete cuando don Jorge Luis sea gobernador”.

Ahora bien, según recuerdo, la tesis fundamental de don José Antonio González Curi, Tony para los cuates (y casi nadie le llama así, ¿por qué será?), cuando fue candidato a la gubernatura en el 97 era la lucha contra el cacicazgo de don Carlos Sansores Pérez, “El Negro”. Tiempo ha que don Carlos corretea por las verdes praderas de Manitú pero los González Curi siguen aferrados al poder aunque, bien pensado que soy, imagino que para no permitir el regreso de ultratumba del sansorismo. A eso se le llama sacrificio y perseverancia, y quien diga lo contrario o es panista o es partidario de Víctor Méndez, Fernando Ortega o Alito; o se apellida Buenfil y se llama Edilberto.

Pero si por bien pensado me equivoco y la obsesión de ser gobernador del Arq. González Curi se debe a que ya le agarró un cariño desmedido al poder o, en su defecto, pretende romper el récord de 15 años de hegemonía estatal impuesto por don Ángel Castillo Lanz (por cierto, abuelo de Gabriel Escalante y de la esposa de Juan Camilo Mouriño), le brindo una asesoría gratuita a sus adversarios. Pueden usar esta cuña que es del mismo palo y aprieta como si la hubiesen marinado en jugo de marañón:

“Son un grupo de ladrones y el pueblo no les debe dar la oportunidad de volver a gobernar. Qué vida tan triste pueden llevar estos ciudadanos que toda la vida se han dedicado a dañar, a estorbar. Robarle al pueblo de Campeche, como lo hizo este grupo, es un pecado”. (Fragmento de un discurso levemente antisansorista pronunciado por don Antonio González Curi el 21 de marzo de 2001).

III

Lo dicho por el gobernador en Palizada luego del paso del huracán “Jelipe” puso a trabajar a los asesores de Ortega Rubio, y no sé de qué medio milagroso se valieron para convencerlo de que en cuestiones de proselitismo a veces es necesario saludar a los rascuaches, así sea de lejitos. La cosa es que en las últimas presentaciones del circo “150 aniversario del Inicio de la Emancipación Política del Estado de Campeche” ha habido cambios sustanciales.

Apenas llega, la Sonora Legislativa se dispersa entre el gentío divulgando la buena nueva: “¡Albricias, pastores, el Mesías ha llegado!”, mientras don Carlos Felipe viene detrás, andando cual paquidermo agónico, con un gesto que revela un reciente pero no muy feliz encuentro con un bacín (o arbolito) y saludando tímidamente, pero saludando al fin, a los zarrapastrosos. Ahora sólo falta que lo entrenen para dar la mano y recetar palmadas con cierta elegancia, sin mostrar asco y ganas de huir despavorido a purificarse con un abundante baño de alcohol.

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