Plaga adjunta

Siempre pensé que la tercera plaga que Diosito, en su infinita misericordia, envió sobre Egipto era una exageración, pero el sábado y domingo, en mi pueblo, supe que a veces las descripciones de la Biblia son bajas en calorías. Durante el tiempo que estuve a la intemperie fui mi propio adversario en una pelea de box que me dejó como hijo de Julio César Chávez, y el único intento de hablar resultó una actividad de alto riesgo, porque los moscos se me prendieron al paladar y tuve que quitarlos con los dedos.

Meses atrás, la doctora Diana Arceo, directora de los Servicios de Salud, advirtió de la necesidad de actuar de “manera integral” para evitar que cerca de 56 mil campechanos contraigan el dengue clásico o el hemorrágico, lo que representaría una erogación económica de mil 192 millones de pesos, inviable para cualquier gobierno, además de la trepidante mortandad de liberales y heroicos patriotas, asunto menor que la doctora excluyó de su declaración pero que yo incorporo en este artículo porque soy buena onda.

Para la doctora Arceo, actuar de “manera integral” significa que a través de la “Red Campechana de Municipios Saludables” las autoridades participen en “la contratación de personal brigadista, aporten combustible para la movilización, adquieran las máquinas nebulizadoras” y que a estas labores se integre la sociedad civil. De hecho plantea 4 ejes de acción, que van de la educación de los niños para que detecten y destruyan posibles criaderos hasta la guerra química a base de nebulizaciones.

Pero las autoridades champotoneras relacionaron la palabra “integral” con el pan rico en fibra dietética que ayuda a evacuar por lo menos dos veces al día, y de este colapso semántico proviene nuestra desgracia: amparado en el argumento de que no hay dinero para combustible y por tanto no es posible nebulizar, nuestro gobierno nos ha dejado a merced de las sanguijuelas voladoras, valiéndole una justa y solidaria madre las muertes que su irresponsabilidad pueda causar.

Esta demostración de negligencia, una más en la larga cadena que se ha tejido en apenas 10 meses, deja en claro cuáles son las prioridades de la nueva prole que nos lidera: lo único defendible es el diezmo, lo demás es asunto de ingenuos que todavía creen que el poder sirve a la gente. Ante esto, la de los moscos es en realidad una plaga adjunta.

La esperanza de que esta generación nos rescatara de la anterior, que comenzó con Chonelo, terminó con Mario Luis y nos sumergió en el fracaso, se ha desvanecido. Con estupor, con tristeza, con impotencia hemos viajado vertiginosamente de “Crecer para que la gente gane” a la versión más reciente de esa zona pantanosa que nos es tan familiar: “Padecer para que Xico mame”. No tenemos remedio.



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