Miopía selectiva



Una joven fue a recoger su ropa a la lavandería GES, pagó con un billete grande y la dependienta le dijo que no tenía cambio, pero podía compensarla con unos vales de gasolina. La joven los recibió, vio que estaban a nombre de la Delegación de Sedesol Federal y con toda justicia se indignó, porque esa transa, por ínfima que sea, sigue siendo una transa: los ciudadanos no tenemos por qué pagar el lavado de ropa de Jorge Luis Lavalle Maury y demás fauna radioactiva.

Esta información sería un bocado irresistible para los medios locales, tan propensos a mostrarse críticos, valientes e incorruptibles en su compromiso con la verdad a la hora de destrozar panistas. Me estremezco de sólo imaginar la extensa jornada de crucifixión de Lavallito, una vez que lo encuentren culpable de la miseria y el atraso de Campeche por malversar vales.

Ahora veamos otras historias:

Como ustedes saben, el gobierno del Estado arruinó los hospitales Vidal Vera y Manuel Campos, que funcionaban más o menos bien, para trasladar todo al nuevo Hospital, que funciona más o menos mal. Desde entonces, los campechanos hemos tenido que regresar a Mérida si queremos salvar la vida porque aquí no hay para cuándo. Eso sí, el largo rosario de deficiencias tiene siempre la misma breve respuesta de las autoridades: no hay dinero.

Pero ese argumento se derrumba cuando nos enteramos que esas mismas autoridades de Salud derrochan dinero en asuntos reñidos con el sentido común (que no con los negocios). Por ejemplo: el hospital tiene un comedor con una cocina bien provista y personal contratado, pero el servicio de comida fue concesionado a un particular, de forma que pagan dos veces una misma prestación.

Y si el caso anterior es absurdo, el de lavandería es, además, asqueroso. El hospital tiene sus propias instalaciones y no obstante la administración envía todo al Manuel Campos, cuando esa actividad está concesionada a un particular que no lava ni sus pecados, pero cobra puntualmente.

Estos malos manejos nunca, jamás serán publicado por los periodistas locales, tan críticos, valientes e incorruptibles en su compromiso con la verdad a la hora de destrozar panistas. La razón es simple: el dinero justo y solidario produce miopía selectiva, que sólo percibe a los bandidos pintados de azul.

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