Pozos contra Ana Martha: los porcentajes del “moche”

Ahora que el alboroto recorre México, ahora que la gente protesta por la matanza de 43 guerrilleros (estudiantes, dicen), por la casita de Peña Nieto y Gaviota (comprada por ella con el dinero ganado como actriz de fama internacional, claro está), por los chismes de la podredumbre del gobierno en todos sus niveles (cosa de resentidos) y otros asuntos sin importancia, creo que es necesario contar historias rete bien bonitas que alimenten el espíritu y abonen a la paz y la felicidad, y nada mejor que tomar una de nuestro rincón campechano, ejemplo de tranquilidad, donde la clase política puede dedicarse sin sobresaltos a sus negocios mientras el resto de los liberales y heroicos burócratas no hacemos olas, el mar no la hace de pedo y la hamaca es nuestro latifundio. Les cuento.  

Meses atrás, el senador Raúl Pozos ofreció a la alcaldesa de Campeche, Ana Marta Escalante, “bajar” recursos por 250 millones de pesos para la instalación de plantas tratadoras de agua en el municipio, con un “moche” muy atractivo del 40 por ciento y bajo una condición: el diez por ciento sería para ella, 25 millones de pesos, y el restante 30 por ciento, 75 millones de pesos, para el hombre que cree que Campeche sí puede. Ana Martha aceptó. 

Pozos realizó el trámite sin demoras y trajo los papeles para que Escalante Castillo los firmara, pero aquí fue donde la puerca torció el rabo. Ana Martha dijo que no firmaría a menos que ella se quedara con el 25 por ciento: 62.5 millones de pesos. Ese fue el inicio de un enfrentamiento que sigue hasta hoy porque, según el senador, el porcentaje sobrante, un repugnante 15 por ciento (37.5 millones de pesos) no le alcanza ni para comprar gel Mimarca Chedraui, el único que tranquiliza sus nerviosas crines. 

La negativa de Ana Martha es un riesgo calculado. Ella sabe que lleva las de ganar en este drama revolucionario e institucional porque el tiempo juega a su favor. Si no firma en los próximos días, Pozos perderá en definitiva la oportunidad de “bajar” ese mundo de dinero. Lo más seguro, me dicen, es que el senador acepte su derrota, se quede con su 15 por ciento y jure por lo más sagrado nunca volver a hacer negocios con gente deshonesta. Entre bohemios no se aplauden.

Ahora bien, cualquiera que sea el acuerdo entre legislador y alcaldesa, el desenlace que le espera a los campechanos será el mismo: otra soberana chinga. 

Si se construyen las plantas tratadoras de agua con apenas el 60 por ciento del dinero, el resultado serán las porquerías de siempre: obras que no aguantan ni siquiera la inauguración y quedan ahí, por muchos años, como monumentos a la corrupción. Y si no se construyen estas instalaciones, necesarias para el reciclaje de agua y cuidado del medio ambiente, seguirán aumentando los índices de contaminación que en la entidad son, ya, alarmantes.

Recuerden, cuando nos llegue la putrefacción al cuello, será porque dos sacrificados servidores públicos no se pusieron de acuerdo en el tamaño de su hambre. 

Ahora que está de moda Ayotzinapa, vale la pena hacer una comparación: una de las razones de las protestas estudiantiles es el bajo presupuesto de la Escuela Normal Rural Isidro Burgos, que este año recibirá apenas 49 millones de pesos pesos, lo que afecta gravemente los servicios asistenciales como alimentos, material de limpieza y gastos de operación de esa institución que cobija a más de 500 jóvenes.

Es decir, por apenas 49 millones de pesos, monto que ni siquiera representa la mitad del “moche” que pretenden robarse Anita y Raulito, 43 estudiantes de Ayotzinapa salieron a protestar y fueron secuestrados, torturados y quemados vivos en una pira que duró más de quince horas.

Pero eso sucede en otras latitudes. Aquí no. Que nos roben, que nos condenen a la miseria y el atraso, que la clase política nos unte en la cara los frutos de la corrupción, son cosas intrascendentes que de ninguna manera justifican que nos levantemos de la hamaca. Bendito dios. 

Besitos.

Post scriptum: Ana Martha Escalante acaba de anunciar un incremento en 2015 al impuesto predial. Tenemos que pagar más porque para ellos (y para nosotros) nunca es suficiente. 

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