Elecciones: tres apuntes finales

Según yo, la estrategia de Alito y los medios de comunicación que le humedecen los sabañones estaba totalmente clara. Se trataba de abrumar al campechano con encuestas, una más ridícula que la otra, y un discurso triunfalista a prueba del sentido común, todo para entusiasmar cómplices y desanimar opositores. Luego, que la abstención y el fraude produjeran la soñada coincidencia con lo publicado en diarios y televisoras: el triunfo contundente del PRI y Alito.

En Champotón se logró el cometido: una abstención brutal, compra de votos a mansalva y un dato curioso: el noventa por ciento de los funcionarios de casilla fue sobornado para no presentarse (siete mil pesos por la hazaña) y sus lugares ocupados por gente afín al PRI que, en contubernio con el órgano electoral, facilitaron la maquinación. En Campeche y otros lugares sucedió lo mismo. Con todo y eso, la elección representó el derrumbe estrepitoso de los sueños de estrella pop de Moreno Cárdenas. 


El propósito primordial era rebasar la votación récord de Purux en 2009 (172 mil votos), pero Alito se quedó muy lejos; apenas y logró alcanzar la de Mario Ávila, que era a la simpatía lo que Ortiz de Pinedo al humor. Con 148 mil votos a su favor, 208 mil en contra, Moreno no justifica los ocho años y centenas de millones de pesos invertidos en su candidatura.


Además, el PRI perdió seis alcaldías, Carmen entre ellas, y la mayoría absoluta en el Congreso.


Ante tal escenario, era obvio que Alito y los medios de comunicación que le refrescan los tanates recurrirían a una cacería de brujas solidarias para deslindarse de la tragedia, y así fue. En una carta patética publicada en Tribuna, la estructura priista de Carmen reveló que fue traicionada y pusieron nombres y apellidos a la infamia: Roberto Sarmiento y Ana Graciela Crisanty. De ahí, ese y otros diarios se agarraron para trazar un boicot cósmico que pasa por Pozos y llega hasta Fernando Ortega.


Así, de golpe, el mismo tipo que desde hace cuatro años agoniza en el Cuarto Piso fue convertido por la imaginación de Alito y sus esbirros en un Buda tropical experto en conspiraciones. Así, de golpe y sin medir la dimensión del absurdo, la estructura priista de Carmen acusó al gobernador por no haber participado en el fraude.


El fracaso es el padre de las explicaciones fallidas. 


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“Carmen fue un desastre”, dijo Antonio González Curi y remató: “¿quién sabe qué chingados pasó ahí?” Es cierto: la isla se convirtió en el Waterloo del priismo pero Antonio, y muchos otros, jamás entenderán las razones porque están muy por encima de su concepción burocrática del universo. 


Los aborígenes campechanos han convertido los cargos públicos en sinónimo de estatus, un titulo nobiliario que se presenta en original y tres copias. Pero esa lactancia tiene sin cuidado a los carmelitas.


Independientes en lo económico, libres de la atadura que representa una quincena piadosa a cambio de culiatornillarse ocho horas diarias de lunes a viernes, los isleños votaron el siete de junio contra los desastrosos gobiernos de Peña Nieto, Fernando Ortega, Satanás y Chely; votaron contra el monstruoso endeudamiento del municipio, contra el puente que avanza a la velocidad de un trámite gubernamental, contra el acueducto de Chicbul que ha sido un fiasco, contra etcétera. 

En Carmen también sobornaron a funcionarios de casilla y compraron electores por parte del PRI, pero la mayoría decidió castigar a un sistema que no funciona. 


Los campechanos, en cambio, votaron a favor del Megadrenaje. El sistema está hipertrofiado y apesta a rata, pero paga sus salarios de hambre, aguinaldos y dos pavos de entre ocho y diez kilos cada diciembre. 


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Los seguidores de Tribuna y Telesur deben de haber encontrado en la conspiración solidaria la explicación al descalabro del PRI: el Corregidor Ortega Bernés y Josefa Ortiz de Pozos, los culpables. Pero no por mucho tiempo. Una semana después, Alito publicó la foto de su feliz desayuno con Purux en el imperio de la insipidez llamado Tok´s. Ahí, mis estimados, es donde la hembra porcina dobló su apéndice posterior (sin alusiones personales). 


Si Alito tuvo que sentarse con su enemigo fue para enviar una señal con miras a la transición. No es aconsejable seguir acorralando al todavía gobernador con la idiotez del complot. La pregunta es: ¿a quién o a quiénes envió ese mensaje: a los Curi, a los Escalante, a los Arceo, a los Castillo, a etcétera? ¿Cuál de esos grupos está imponiendo su aversión contra la justicia solidaria poniendo en riesgo a Moreno Cárdenas?


Un gobernador electo en pleno uso del poder no necesitaría sentarse con un despojo político para tranquilizar las aguas, pero Alito tuvo que hacerlo. Si no puede amarrar a sus animalitos para que detengan los ataques contra un hombre en desgracia, ¿entonces qué sucederá después, quién gobernará en realidad a partir del 15 de septiembre?


Ojalá me equivoque, pero creo que no falta mucho para que los liberales y heroicos burócratas descubran que el con todo para todos será en realidad el todo para unos cuantos, como siempre. Entonces gritarán su descontento, golpearán las paredes y mentarán madres, y luego saldrán del baño e irán a estirar la mano para cobrar su quincena, como siempre.


Besitos.


Tantán.

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