El chip de Obama




Nueva teoría de la conspiración: los gringos nos espían con chips adheridos a las baterías de los celulares. Hay decenas de videos en face donde los fanáticos del complot descubren el instrumento del que se vale Obama para meterse en la vida privada de la gente. Muy bien. Ahora la pregunta incómoda: ¿qué creen que va a encontrar?
El ochenta por ciento de los usuarios de redes sociales comparten memes insulsos, chistes viejos, fotos de su comida, videos tediosos a los que antecede el comentario: buenísimo!!!!!!!!!, y poemas horrendos atribuidos a algún escritor de renombre. ¿Es ahí donde está fraguandose la Tercera Guerra mundial?
Digamos que a los gringos no les interesa la actividad en redes sociales sino las llamadas telefónicas. ¿Qué alcance pueden tener las conversaciones de gente que cree que los videos de gatos son chistosos, o que envía imágenes de Jesús que requieren un “amén” para funcionar como es debido? Si la telenovela de la noche o un partido de la Selección pone al 90 por ciento de la población a tirar hectolitros de baba, ¿en verdad somos un peligro para las superpotencias? 
Supongamos que en Washington no les interesan las redes sociales ni las llamadas, sino los mensajes, esos caracteres misteriosos que viajan por el ciberespacio. Entre la maraña de faltas ortográficas y conflictos sintácticos, ¿habrá alguna señal cifrada que revele los diabólicos planes de Putin para apoderarse del mundo? ¿Esperan que se trasmitan por ahí los pormenores del futuro atentado contra el grupo Bilderberg?
Que los gringos nos espían, dicen, y muestran orgullosos el chip NFC (Near Field Communications). Qué atrevimiento. Pero dejemos que se consuman en el caldo de su propia paranoia e imaginemos que es verdad, que Obama escucha y lee lo que hacemos: qué perdida de tiempo y dinero. Los que están inmiscuidos en cualquier movimiento terrorista o subversivo saben bien cómo borrar sus huellas; los demás lo dicen todo, desde qué tragaron hasta cuántas veces van al baño, y lo muestran todo, desde selfies hasta videos de la esposa en pelotas, en las redes sociales y créanme que por ahí no hay gran cosa que temer, salvo la vulgaridad.
Las teorías de la conspiración son cada vez más absurdas, carajo, pero nadie parece reparar en ello. Al contrario. Como un estigma de nuestro tiempo, el del ciberespacio y la globalización, estas teorías, al igual que la estupidez o el universo, están en constante expansión.
Besitos.
Tantán.

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