Peña Nieto no mata piojos

Se fue el Piojo. El desempeño fangoso de la Selección durante la Copa América y la de Oro, y el round de kick boxing con Martinolli lo condenaron sin derecho a fianza. Por esta vez, y porque no les quedaba otro camino, los femexfutos y Televisa dieron muestra de cierta sensatez.

Tampoco pequemos de crédulos. En el comunicado de hoy, Decio de María menciona la agresión a la libertad de expresión como una de las causas del despido. No lo creo. A la Federación no le gusta la libertad de expresión, le incomoda, la odia. La decisión la tomaron porque la afición ya no estaba contenta con la Selección, y esa gallina produce millones de dólares, y porque Herrera se metió con el comentarista consentido de TVAzteca, y tampoco se trata de pelear con las todopoderosas televisoras y el resto de los medios de comunicación, que se iban a ir contra el inexistente cuello del Piojo. 

Pero el Piojo se tenía que ir, y se fue. 

Por una inevitable asociación de ideas, me viene a la cabeza Peña Nieto, cuyo gobierno se desempeña con la misma torpeza que el equipo mexicano en el partido contra Panamá pero sin que le caiga del cielo un penal misericordioso, y sin que el cuerpo de comentaristas de Televisa, las michas y dórigas, tan parecido al de Alarcón y compañía, logren el milagro de cambiar la percepción generalizada de que vamos derechito al carajo. 

Con todo y esos antecedentes, el Gavioto se niega a patear del gabinete a sus dos piojos: a Osorio Chong, a pesar de que se le escapó el Chapo, el fracaso más grande entre otros muchos, y a Videgaray, cuyos pronósticos de crecimiento económico padecen disfunción eréctil.

Lo del Piojo es intrascendente a fin de cuentas: el futbol es  un juego aunque algunos crean que en 22 piernas está depositada la soberanía nacional. En cambio, la incapacidad y los actos de corrupción de Peña Nieto y su gabinete tienen consecuencias nefastas para el país, y el escenario empeora a vertiginosa velocidad. 

Se le viene encima un escándalo más al Presidente: el de las grabaciones entre funcionarios de OHL y de la CFE y Pemex que abrirá otro expediente putrefacto para esta administración. Es necesario un respiro. Este es el momento preciso en que Peña debería aprender de Decio y su pandilla y darle al populacho, a los medios y a la opinión internacional la cabeza de algún piojo. Osorio o Videgaray, alguno tiene que irse. No hay de otra. 

Después de todo, la Selección Mexicana, con Piojo o sin él, no puede ir más allá porque fallamos en lo principal: nuestros jugadores son muy mediocres, salvo algunas excepciones, y los directivos demasiado codiciosos como para pensar en los beneficios de mejorar la calidad de nuestro balompié. Lo mismo el gabinete Presidencial, comenzando por Peña, plagado de ineptos y negligentes de los que nada, salvo rebuznos y rasguños al erario, puede esperarse. 

Pero por ahora es necesario ganar tiempo y desviar la atención del respetable, y es ahí donde Peña debe convertirse en Decio, esa alimaña que nada aporta en beneficio del fútbol mexicano, mucho a su envilecimiento y cuyo instinto es admirable: si está de por medio la sobrevivencia, matar piojos es lo de menos.       

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