Alito: el viaje a la locura

Alito pescó una frase que vaga desde hace años en la web y la convirtió en su declaración de principios: “Para alcanzar algo que nunca has tenido, tendrás que hacer algo que nunca hiciste”. 


La frase, derivado tierno de otro pedazo de “sabiduría” que Einstein nunca pronunció: “Locura es hacer lo mismo una vez tras otra y esperar resultados diferentes”, es un monumento a la obviedad. Pero bueno, al embrujo de la autoayuda se llega tomando rectorías o de Google, no del estudio.

De cierto modo, Moreno Cárdenas ha cumplido. Prometió romper inercias, desbaratar bostezos y cortar hamacas, tareas necesarias para crecer en grande (otra barbaridad tomada de libros de autoayuda), y ahí lo tienen, desacralizando el poder que González Curi imaginaba como un sultanato y Fernando Ortega como una cueva oscura y sórdida resguardada por Roberto Sarmiento. 

Pero desacralizar no quiere decir caricaturizar. Acudir al IMSS en la madrugada para cerciorarse de la calidad de la atención fue un acierto de Alito; pero promocionarse jugando timbomba es colocarse en la frontera del absurdo, a un sólo paso de que lo fotografien esperando turno para una prueba de cáncer de mama. 

Ahora bien, el reclamo de los campechanos nunca fue en contra de las fábulas árabes de Curi o de la aversión al poder de Purux, sino contra la negligencia y la corrupción que encarnaron, lastres que han crecido exponencialmente hasta transformarse en la única finalidad del gobierno. Esas eran las primeras dos inercias que Alito debió enfrentar.

La tercera era terminar con la antropofagia campechana, la maldición que va de observar el triunfo ajeno, sentirlo como afrenta personal y devorar al responsable.

Toda posibilidad de combatir la ineptitud y el latrocinio terminó en el momento que Alito nombró gabinete, esa combinación de especímenes decrépitos exhumados de otras administraciones, dos o tres juniors de mollera estéril y un contingente de jóvenes acostumbrados a reptar para escalar. En suma, monos viejos incapaces de maromas nuevas y muchachos que prefieren las viejas mañas. La receta perfecta para el desastre.

Y el liberal y heroico canibalismo, que Alito sentenció a muerte, goza de cabal salud en la persecución contra la familia y amigos de Raúl Pozos y en las páginas de Tribuna, su medio preferido, con esa campaña rupestre y ridícula contra Renato Sales. Como corresponde a todo campechano, y en contra de los principios que anunció, el gobernador sigue la tradición de jalar cangrejos al fondo de la cubeta.

Vamos a divertirnos mucho con las abominaciones populacheras de Alito, tan distante de la solemnidad enfermiza de González Curi. Es posible que en Halloween lo veamos disfrazado de Videgaray, en diciembre de Santa Clos y en carnaval de Vladimir. Pero en cuestiones de fondo estamos ante una gata revolcada que, de acuerdo a lo que Einstein nunca dijo, nos llevará rumbo a la locura.

Los leo la próxima semana. 

Besitos.

Tantán. 

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