El Mesías tiene el número 14

 

 

 

Frente a la portería, Messi realiza una operación aritmética elemental mientras que el Chicharito trata de resolver el último teorema de Fermat. Ese síndrome parece haber alcanzado al partido propiedad del Peje, Morena, que ha desaprovechado la oportunidad que generosamente le entregó la mala noche medieval de la Iglesia. Para ilustrar mi decepción, primero necesito recurrir al mantra de Manlio el día que lo masacró Anaya: contexto, contexto y más contexto. Ahí les va.

A mediados de mayo, Peña Nieto dejó por un momento los rebuznos y pegó un do de pecho al proponer la legalización del matrimonio igualitario. Por reflejo pavloviano, la jerarquía eclesiástica se arremangó la sotana, anunció el Apocalipsis y llamó a su feligresía a una cruzada contra esa abominación, drama en que estamos inmersos en estos días.

Poco le ha importado a la iglesia el México desangrado por la violencia, empobrecido por sus gobiernos, asolado por la corrupción y la impunidad, desgraciado en casi todos los aspectos. Ante esas tragedias ha guardado una indiferencia extraña, si no es que cómplice. Ah, pero los putitos son otra cosa, a esos hay que desbaratarlos, sobre todo ahora que el Presidente les dio el salvoconducto para universalizar sus perversiones.

Incluso, válgame Dios, pueden adoptar, dicen. 2 millones de niños en la calle y más de 30 mil en hospicios, casas de asistencia y etcétera. Imaginen el problema si los homosexuales empiezan a casarse en masa y a adoptar a esas criaturas para educarlos en su mundo de desenfreno, lujuria y monstruosidades: ¿cuántos engendros como Maciel y Juan Pablo (Barman y Droguin) resultarían de ese atentado contra la “familia natural”?

Para otorgarle a la revuelta sustento teológico, el obispo de Culiacán, Jonás Guerrero, aportó un argumento de inaudita elegancia al debate: “Peña Nieto no busca gaviota sino gavioto”. E invocando el santo clavo de Cristo y el amor de Dios (que es Cristo y también una palomita con iluminación LED en la mollera), arengó a la muchedumbre para sumarse a la guerra santa.

Y entonces, con todo dispuesto para lograr una chilena de fantasía, en verdad os digo que Morena se transformó en el Chícharo y depositó la bola en casa de la chingada (finca del Peje). De ahí mi tristeza. Con la iniciativa presidencial y el consiguiente furor religioso a punto, bastaba con que Martí Batres o cualquiera de esos personajes que encontraron en AMLO su camino a Tabasco declarara que el Presidente “busca gavioto” porque fue víctima de la pederastia clerical. Pum y caen dos buitres. El escenario resultante sería más o menos este:

Peña Nieto estaría obligado a convertir la Secretaría de la Función Pública en Secretaría de la Función Púbica para que Virgilio Andrade certificara, después de minuciosa investigación, la incorruptibilidad del Primer Himen de la Nación. En La Jornada pondrían en duda el informe de don Virgilio e insinuarían relaciones inconfesables entre Peña Nieto y algunos empresarios. Virgilio saldría a desmentir a La Jornada y afirmaría que de ninguna manera la virginidad presidencial fue reconstruida por Higa. AMLO declararía que esa angostura no lo tiene ni Obama y que en 2018, cuando gane la elección, acabará con la mafia de cuello ancho. Don Norberto no se atrevería a negar el abuso contra Peña Nietito. A estas alturas de la misa ya debe haber aprendido que debajo de algunas sotanas hay cosas más calientes que el orín de chivo. Pero acudiría al remedio infalible de sepultar el asunto bajo alguna reinterpretación bíblica, por ejemplo: “Es más fácil que un gavioto entre por el ojo de la cerradura de la Casa Blanca a que un seguidor del Peje entre en el reino de los cielos”. Amén. Los priistas defenderían al Presidente con un novedoso discurso: “Las Reformas Estructurales garantizan no sólo la gobernabilidad y la estabilidad del país, sino más y mejores gaviotos para todos los mexicanos”. Anaya, el dirigente panista, se lanzaría contra AMLO culpándolo de la promiscuidad populista del asterisco que habita en Los Pinos. AMLO le respondería: “¡Ánimo, Montana!” Aparecería el cadáver de un periodista que, según sus amigos, descubrió que la virginal pureza proclamada por Virgilio estaba trucada con Photoshop. Aristegui revelaría que Peña Nieto pagaba a sus gaviotos a través de empresas radicadas en paraísos fiscales, etcétera. El caos. La fiesta.

La responsabilidad fundamental de todo partido es impedir que la ciudadanía se asome a la fosa séptica de la política. Ante el descrédito del PAN que se parece tanto al PRI que no puede engañarnos, era responsabilidad de los morenos proporcionar las pistolas de salva para la guerrita en la superficie, mientras el fondo permanecía marinado entre sangre, corrupción, pobreza y demás. Pero rehuyeron ese compromiso con la misma rapidez con el que sus senadores se ausentaron de la votación sobre la #ley3de3 y, snif, toda mi ilusión se fue al remotísimo caraxo. Qué dolor siento, hijitos de mis entretelas, al comprobar que el rabí de Macuspana juega con el número 14 en la espalda.

Besitos.

Tantán.

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