Oración fúnebre

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El atraso en la construcción del nuevo viaducto alterno en Progreso, Yucatán, obligó a Peña Nieto a cambiar la sede de la ceremonia conmemorativa de la Expropiación Petrolera, que se realizará en Ciudad del Carmen, Campeche.

Así es, amiguitos: Peña Nieto vendrá a la isla, el lugar de sus grandes éxitos reformistas, para cerciorarse de la buena salud del desempleo y la pobreza. Será una jornada maravillosa entre los escombros y fierros retorcidos que dejó la desintegración de Pemex en favor de la clase político-empresarial que regentea el prostíbulo nopalero.

Como es obligatorio que el presidente se aviente un choro sobre las muchas bendiciones que su gobierno ha derramado sobre nosotros (cumshot le llaman en la industria porno), prepárense para una dosis grande y gruesa de autoelogios y, tal vez, una regañiza para los incrédulos que niegan los enormes aciertos del régimen. México es otro después de Peña Nieto, e interpreten esta verdad histérica como les cuadre.

Alito, por su parte, se la dejará lisa al presidente. Le llamará amigo de los campechanos, aunque nos haya quitado más de 2 mil millones de pesos de presupuesto en los últimos dos años; le agradecerá por las infinitas bondades de la Reforma Energética, a pesar de los 50 mil desempleados y la debacle absoluta de la economía local; pondrá la mirada pícara, se pasará el dedo humedecido por el pezón y le preguntará al preciso: “¿vas a querer?” Etcétera.

Tal vez hasta ejecuten una rutina de nado sincronizado anunciando por quinta o sexta vez la construcción del nuevo Puente de la Unidad y coloquen otra primera piedra. Lo repetido, aunque sea una burla, se convierte en tradición.

Y además las patrullas. Peña y Alito entregarán nuevos vehículos a la policía, lo que, como se ha demostrado científicamente, garantiza la impunidad de los delincuentes y el incremento de los indices criminales en el estado. Es así como se crece en grande.

Los achichincles de Alito invadirán la isla, cada uno en su suburban para deleite de una ciudadanía empobrecida y desesperada que, no obstante, contribuye con sus impuestos a la comodidad de los funcionarios campechanos. Y aplaudirán mucho los engendritos, para que el payaso del copete y el otro, el de los implantes mamarios, no tengan duda de que ese público es rastrero por convencimiento, no por oportunismo político.

Después la comilona, el chupe, el encamamiento de quien se deje, la peregrinación de suburbans hacia las oficinas campechanas. Total, paga la entidad cuya crisis económica ha “obligado” a Alito a pedir un préstamo por mil 200 millones de pesos. 

Y al día siguiente, la realidad alterna de los medios: donde usted y yo presenciaremos la oración fúnebre por la expropiación petrolera, los periodistas locales no sólo verán la celebración gloriosa en la que Peña Nieto refrendará su categoría de estadista universal y atemporal, sino también el señalamiento nítido, indudable, de que el presidente desea que Alejandro Moreno sea su relevo en Los Pinos.

Besitos.

Tantán.

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