Hechos no, jaladas (o Alito hurtado por Jorge Carlos)

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En abril de 2008, Alito Moreno dio una entrevista a Tomás Zapata. Ahí se destapó como precandidato a gobernador y habló de su carrera política, pero la que sacudió a esta comarca inerte fue la denuncia contra el grupo que nos exprimía en aquel entonces, y que se había prendado a la ubre desde 1997, de haber bailado demasiado, y la exigencia de que se sentaran y dieran oportunidad a la nueva generación de la que Moreno Cárdenas era la cabeza de cochino.

Lo crucificaron por hocicón, y entre los muchos denuestos le llamaron amnésico y malagradecido porque la camarilla a la que ahora traicionaba le había dado la oportunidad de ingresar en la fosa séptica de la grilla. Aquella vez defendí a Alito de los textoservidores argumentando que la inmoralidad y la puñalada trapera son prácticas necesarias en ese inframundo, y sustenté mi defensa en un apunte histórico sobre la relación entre Abelardo Carrillo y Antonio González Curi (el artículo pueden leerlo dando click aquí).

Ahora bien, ¿quiénes mandaban cuando Alito exigió el fin de esa danza de dinosaurios reumáticos? El gobernador era Jorge Carlos Hurtado Valdez y el secretario de Gobierno, Ricardo Medina Farfán. Durante los primeros tres años de ese sexenio Carlos Felipe Ortega Rubio había sido secretario de Gobierno, pero a Jorge Carlos se le ocurrió enviarlo al congreso como presidente de la Gran Comisión para que armara su candidatura. Quería que su amigo de infancia fuera su sucesor en el Cuarto Piso. El don de gentes, la simpatía y el carisma de Carlos Felipe hicieron su trabajo y el candidato fue Fernando Ortega.

Además, en la Secretaría de Seguridad Pública estaba Carlos Miguel “El Loco” Aysa, y su segundo era Jorge Argáez; en Salud Álvaro Arceo; en el Tribunal Superior de Justicia vegetaba Pocho Paredes y como procurador, Juan Manuel Herrera Campos. Así las cosas en ese periodo 2003-2009 cuando Alito tomó la bandera del relevo generacional y se transformó, según él, en una adaptación metrosexual del meteorito de Chicxulub.

Pasó el tiempo. Llegó Fernando Ortega y luego se fue a Paraguay legando un megadrenaje inservible y las historias aberrantes de su mozo de estoques, Roberto Sarmiento.

Durante los seis años de Purux, Alito encandiló idiotas con las mentiras que a estas alturas sabemos de memoria, con toneladas de dinero que él aseguraba provenían de sus amigos adinerados del centro del país pero que en realidad eran parte del saqueo de “sus” alcaldes en Champotón, Hecelchakán y Hopelchén, y con un arsenal de malas mañas que ruborizarían hasta a un obispo.

Así fue como Moreno Cárdenas logró imponerse, en el PRI, a Raúl Pozos, el candidato de Ortega Bernés, que es la simbiosis perfecta entre Carlos Felipe y una tarántula en el hombro, y a Renato Sales, un aspirante que hizo muy poco por su causa pero que el temor a la voracidad, las locuras y la fama de engendro del mal de Alito convirtieron en una esperanza para la clase media campechana. Y luego, en las elecciones constitucionales, a Layda y Rosiñol.

En septiembre de 2015, siete años después de aquella entrevista con Tomás Zapata, Alito tomaba protesta como goberladrón y tenía al alcance de sus implantes mamarios la oportunidad de desplazar a las bestias jurásicas que poblaban la política local, o eso pensaban los seguidores del Calígula tropical.

Pero creo que algo falló. ¿Quiénes son los personajes que Alito convocó para el rejuvenecimiento del poder político estatal? En la secretaría de Gobierno Carlos Miguel “El Loco” Aysa; en la Secretaría de Seguridad Pública Jorge Argáez; en la Fiscalía, antes Procuraduría de Justicia, Juan Manuel Herrera Campos; en Secud Ricardo Medina Farfán; en el Tribunal Superior de Justicia Carlos Felipe Ortega Rubio, hoy jubilado a cambio, dicen, de posiciones políticas para sus hijos; en Salud Álvaro Arceo, ahora delegado del IMSS; y acaba de incorporarse al equipo Pocho Paredes como Fiscal Anticorrupción.

Uno emerge del párrafo anterior con la impresión de haber estado en un antro siniestro donde retumbaba “De reversa, mami” mientras unos dinosaurios procaces “perreaban” en el centro de la pista. Es normal. Ahí está la prueba de que en Alito se conjugan la mentira y el cinismo en dosis oceánicas, y la confirmación de que el sexenio Crecer en Grande es una maqueta diseñada por el gobernador más gris que ha tenido la entidad, Jorge Carlos Hurtado, el hombre de los hechos, no palabras.

Así, la continuidad del desastre administrativo y de la corrupción del gobierno campechano hoy día tiene, por un lado, un origen zoológico: chango viejo no aprende maromas nuevas; y por el otro la desfachatez colosal, que parece ser el signo de estos tiempos, encarnada en un mandatario frívolo, charlatán y megalómano que delira en grande, y que ha llegado a la conclusión de que la tragedia local no debe ser de una sola planta, necesita un segundo piso.

Nos vemos el jueves.

Besitos.

Tantán.

 

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