Chanona, el fenómeno

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La semana pasada, una página de Facebook lanzó una encuesta en la que competían por la diputación federal algunos personajes políticos del rancho, como Asunción Caballero del PAN, Mario Tun Santoyo del Panal o el alitolover Jorge Chanona.

La mecánica era simple: a cada uno de los concursantes se le asignó un ícono (a Chanona le tocó el corazoncito de Me encanta); click en el ícono, un voto; mayor número de votos, triunfo para uno y permiso para gritar pomo por pomo, cantina por cantina para otros.

La victoria de Jorge Chanona fue aplastante. La diferencia con el segundo lugar no daba oportunidad siquiera de armar un conflicto postelectoral porque, al parecer, el tipo es un fenómeno de popularidad tan grande como su frente, que ya colinda con la espalda.

Pero algo olía a podrido en Dinamarca, me contó Shakespeare. Revisé los nombres de quienes participaron en la encuesta y encontré que muchos simpatizantes de Chanona viven en Bagdad o lugares cercanos (paré de contar en el sesenta y tantos), lejos de la incansable gestión de nuestro gobernAlito ante el presidente por más y mejores maquetas, lejos de la estupidez campechana que va por su segundo piso, lejos del hoyo negro de la Península que sólo es bello y moderno en la prensa local.

Me regresó el alma al cuerpo. Con razón no tenía idea de en qué Secretaría vegetaba Chanona, carajo, si su trabajo lo ha realizado fundamentalmente en Medio Oriente.

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El 500

No sé si como homenaje a los 500 años del triunfo de Moch Couoh o en memoria de esa mujer yucateca, bellísima e inteligente, que se hizo millonaria cobrando 500 pesos a los que querían disfrutarla, pero mi alcalde ha cifrado su precio en 500 mil pesos para garantizar la solución de problemas con el municipio. Un ejemplo:

Desde hace 10 meses Bancomer libra una lucha tremenda con el ayuntamiento. Clavo que ponen en el edificio que construyen, multa que cae. La cantidad de obstáculos puede ser una versión ampliada del infinito.

El pretexto favorito es el estacionamiento contemplado en los planos pero no en la realidad, según la Dirección de Desarrollo Urbano, excusa a la que se aferra Uribe con sus dos manitas.

Hartos del desgaste, unos representantes del banco fueron a hablar con el alcalde y este les dio dos opciones: si quieren abrir ahí donde están, en la Avenida Colosio, tiene que darme 500 mil pesos y dos vehículos para mi uso personal; pero si me rentan un terreno (el de la calle 30 por 29. Nota de Bestiómetro), entonces sólo denme los 500 mil y ya.

Según fuentes cercanas al caso, los banqueros están pensando en rescindir el contrato para irse donde pidió el alcalde, pero no hay nada en firme todavía y todo se está manejando como secreto de confesión. No importa, la transa será más que obvia cuando veamos los nuevos carros de su redonda majestad o albañiles en su baldío. Lo que no cambiará en este asunto tan sucio como elección de Flor más bella es que, sin importar qué decidan en Bancomer, El 500 se embolsará 500 mil pesos y eso es inevitable. Enhorabuena, todo se puede con la indiferencia del pueblo.

Besitos.

Tantán.

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