Brevestialidad sarmentosa

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Ayer al mediodía se rumoró que habían encarcelado a Roberto Sarmiento. Vaya, me dije, los Microchips están trabajando para detener la hemorragia.

Supuse que después de la caída brutal de Alito por el destape de Meade necesitaban con urgencia una caja china, y aunque Sarmiento es de Sihochac y su casa no queda al oriente del parque, también funcionaba como víctima propiciatoria. Fue tan soberbio y voraz en la Secretaría de Gobierno que muchos olvidarían, por un rato, la celebración por el porrazo de Moreno Cárdenas para festejar el encarcelamiento del mozo de estoques de Fernando.

Además, mi tesis de la caja sihochaqueña tenía lógica porque en Fiscalía y Casa de Justicia nada procede sin el consentimiento de Aysa. Ahí tienen el fraude de su amante a la asociación Mariana Trinitaria, prueba de hasta qué punto el poder judicial es un apéndice del Ejecutivo. Por tanto, si para que los engranajes justicieros se muevan es necesaria siempre la aprobación del Cuarto Piso, con mucha más razón tratándose de Sarmiento, personaje estelar del puruxato que Alito prometió perseguir y cuya detención traería repercusiones muy serias.

Poco después se supo que Roberto no fue encarcelado sino citado a comparecer por una demanda de paternidad. Parece que cuando era secretario de octubre y por derivación hermoso como luna de gobierno, cabalgó por la llanuras con una tal Natalia de Jesús y ese amor tuvo consecuencias que Sarmiento no quiere reconocer. Esa criatura no es mía, dice.

La solución para ese embrollo es fácil: una prueba de ADN tiene un 99 por ciento de confiabilidad, pero si le acercan al niño una moneda y se la roba, ahí tienen el 100 por ciento de certeza. Tantán.

Y ya entrados en demandas, se me ocurrió que esa es la vía para que los campechanos recuperemos lo que Roberto se zampó. Es simple. Demandémoslo por la paternidad de su fortuna, que lo citen a comparecer y que ante la autoridad pertinente confiese lo que todos sabemos: que esa fortuna tampoco es suya.

Besitos.

Tantán bis.

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