Crónicas Carcelarias: a orinarse, Abelito.

Abelito

Día 20. Sigo en la cárcel por orden del gobernador Alejandro Moreno Cárdenas.

#BestiometroNoSeCalla

Antes de la fiscalía enviara tres camionetas y catorce policías a capturarme, Abelito y yo habíamos perfeccionado el ritual de buenas noches: lo llevaba a despedirse de abuelita y tía Vilma, nos cepillábamos los dientes, pijamas, las canciones de los planetas en youtube (o capitulo de Peppa) y a dormir abrazados en la hamaca. Por obvias razones, ya no puedo repasar con mi hijo cuántas lunas tiene Urano ni el quiere dormirse hasta que venga papi. Desde mi partida el niño no se duerme feliz, se duerme vencido por la espera.

Mucho antes de que el gobernador enviara a la fiscalía en mi contra, Abelito ya había logrado ir por su propia cuenta al baño y pasar la noche seco. Fue un entrenamiento largo que a veces parecía consumado hasta que la mancha en el pantalón nos advertía que nuestro optimismo era prematuro. Ustedes saben cómo es eso. Pero lo consiguió y desde mediados de diciembre Abelito ya era un jovencito en pleno control de sus necesidades. Una semana después de mi reclusión, volvió a orinarse.

El sábado pasado, Mily me trajo a Abelito por segunda vez. Niño memorioso, recordó el protocolo de revisión y el solito se levantó la camisa, se bajó el short y la truza, y se metió el dedo en el ombligo para demostrar que no guardaba mota, piedra, punta, cuchillo, tepache ni celular. Luego corrió por el pasillo hasta la puerta al patio penitenciario, su nuevo lugar de juegos. Pasamos un buen día y una muy triste despedida.

Pobre niño que no sabe que es el daño colateral de una vileza. Pobre Abel que no entiende por qué me ve unas horas los sábados y le falto todas las noches, y que sólo puede traducir su sufrimiento en humedad.

Pero el tiempo sigue. Cuando llegue el momento, le explicaré a mi hijo que si desaparecí cuando él tenía tres años fue por el abuso de poder de un gobernador llamado Alejandro Moreno que enlodó, con la complicidad cobarde de muchos campechanos, todo lo que tocó. Que la razón de mi desaparición fue que, junto con algunas otras voces disidentes, le restregamos en la cara las pruebas de que bajo su gobierno Campeche era un lugar saqueado, empobrecido y paralizado, y no el paraíso que las primeras planas y los textoservidores de su ganadería anunciaban. Y por último, le enseñaré a mi hijo que existen otras formas de orinarse: por ejemplo, orinarse de risa de la frivolidad, la ineptitud y las raterías groseras del Alito que le toque en turno y su comparsa de burocratitas de medio pelo y largas uñas; y si el destino lo coloca en un trance como el que vivo ahora, le contaré cómo pasar por los protocolos carcelarios con el dedo metido en el ombligo para demostrar que no hay drogas ni armas, sino solamente el delito enorme de la independencia crítica.

Besitos al ombligo del mundo: Champotón.

Tantán.

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