Crónicas Carcelarias. Van a matarme II

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Día 29. Sigo en la cárcel por orden del gobernador de Campeche Alejandro Moreno Cárdenas.

Ayer, después de las amenazas de muerte y el portafolio fotográfico que me recetó el sicario veracruzano, a fin de cuentas un excomandante de la guardia penitenciaria degradado a talachero y llamado Jesús Manuel Juárez Sonda, ejecuté el protocolo de rigor para los casos difíciles.

Primero, escribí a velocidad Match 3 el texto que ustedes leyeron ayer y lo dicté vía telefónica desde las casetas comunitarias (si dejan de funcionar a partir de ahora, ya saben la causa). Luego solicité audiencia con la directora del penal, Virginia Cáliz. A petición de ella, pasé al departamento jurídico con el licenciado Salomón para requerir la presencia de la fiscalía por estos rumbos e interponer mi denuncia contra Juárez Sonda. Por último, me entrevisté con el visitador de la Comisión Estatal de Derecho Humanos, Gerardo Mex, quién escuchó el drama y levantó el acta debida.

Tanto la directora de la penitenciaría como el visitador de la CEDH se han portado a la altura. Queda pendiente la Fiscalía. Veremos si, como lo hizo conmigo, el Fiscal Juan Manuel Herrera envía 3 camionetas y 14 policías contra mi sicario de mentiras. Veremos, también, si logra destripar el guión de ésta obra hasta averiguar qué hacía Sonda en la celda del celador de mi galera la noche del martes después del último pase de lista, el de las 21 horas, cuando su horario de salida es entre 3 y 4 de la tarde y nadie, absolutamente nadie del personal que labora aquí, puede permanecer en la cárcel antes o después de su hora de salida.

Si la Fiscalía trabaja bien (y es ahí donde la hembra porcina torcerá su apéndice posterior) averiguaremos qué o cuánto le prometieron a Juárez Sonda por venir a intimidarme y quién se lo prometió; sabremos, por fin, si el motivo de las fotos era analizar el comportamiento de mi saco escrotal ante el calor siderúrgico de mi celda; comprobaremos el funcionamiento de las cámaras que debieron registrar tanto la presencia del veracruzano chafa en la celda del celador en horas inusuales del martes como la entrada en la mía entre las 6:30 y 7:00 am del miércoles.

Y para finalizar, la investigación de la Fiscalía deberá esclarecer si la “sugerencia” de que yo deje de escribir pen-de-ja-das se debió al rencor de Sonda contra mi sintaxis o si él fue, tan sólo, el retransmisor de la rabia de algún invitado frecuente al bestiometro.com, cuyas cirugías y maquetas han hecho las delicias de chicos y grandes.

Etcétera.

De lo que suceda les iré informando con minuciosidad oriental si es que no me alcanza la fatalidad. Si me alcanza, discúlpenme por haber interrumpido la siesta burocrática campechana.

Besitos de alerta.

Tantán.

Postdata: Si le preocupa cómo es que publico desde la cárcel y no el que yo esté en peligro de muerte, es usted, con todo respeto, un idiota.

#BestiometroNoSeCalla

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