Kobén: el motín que viene (final)

 

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El CERESO de Kobén, a punto de reventar. Por razones presupuestales y por perversidad burocrática están matando de hambre a los reclusos, literalmente, y si no ha habido un motín es porque los internos han cerrado filas con la directora del penal, Virginia Cáliz Alonso. Pero vayamos por partes.

La primera razón para la hambruna es la presupuestal. El dinero del estado se fue a las campañas políticas y eso abrió cráteres financieros hasta en las regiones más remotas de la administración pública local, y en una de ellas radica el penal. Están arruinados y la decisión más fácil fue imponer un régimen de Gulag. Por ejemplo, antes adquirían 200 kilos de pechuga de pollo el lunes y otros 200 kilos el viernes para los casi mil internos. Ahora sólo compran la mitad. Ya no encuentras ni la verdura más espantosa. El desayuno y la cena, si al caso, agua de café y una pieza de pan. Etcétera.

Los que más sufren son los del área federal. La Federación tiene contemplado un poco más de 200 pesos diarios por reo y deposita antes del 7 de enero de cada año la cantidad total de acuerdo a los internos bajo su responsabilidad. Así lo hizo en este 2018 pero, al parecer, ese dinero se esfumó.

Y para tensar aún más la situación, los policías les quitan la comida a las familias que van de visita, o las obligan a tirarla. La directora habló días atrás con los celadores y se comprometió a dejar pasar todos los alimentos para aminorar el enojo, pero es una promesa sólo para ganar tiempo. La realidad es que no puede hacer nada ni con eso ni con las humillaciones a los visitantes que los guardias han convertido en asunto cotidiano, porque es una estrategia de alguien en la SSP para fomentar el descontento y detonar un motín, el pretexto para derrocar a Virginia.

El encargado de operar los agravios contra las familias es un policía que fue K2 (Jefe de Seguridad) pero lo degradaron por desviar combustible, exigir cuotas a las tiendas y obligar a los internos de la Herrería y la Carpintería a hacer trabajos que luego él cobraba a particulares sin retribuir a los artesanos. Por cierto, una de las beneficiarias de esos trabajos fue, me dicen, la subsecretaria de Seguridad Pública, que a partir de ahí le agarró cariño y buena fe al ordeñador de diesel.

Encontrado culpable de todo lo anterior, el K2 fue castigado y enviado a la PEP, pero ahora está de regreso como jefe del Filtro de Seguridad y desde ahí ejerce, con inusitado frenesí, su campaña contra Cáliz Alonso usando como rehenes a las familias de los reclusos, que son vejadas de las formas más espantosas.

Así, sin comida porque el proceso electoral dejó en escombros las finanzas estatales; sin posibilidad de recibir ayuda de sus familiares porque el hambre es el aliado de los burócratas de la SSP para deshacerse de los burócratas del penal; sin medios de comunicación que den a conocer su sufrimiento porque están al servicio del gobernador y porque a quién carajos le importa lo que sucede en Kobén, mis compas están en la indefensión más terrible y ya muy desesperados.

Ignoro cuánto tiempo más se sostendrá la alianza entre la población del CERESO y la directora; sé, a cambio, que el hambre fatiga los plazos con mucha rapidez. Ojalá me equivoque, pero me parece que la tragedia está cerca.

Besitos.

Tantán.

 

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