Alvarito, el demoledor

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En 2017, Alejandro Moreno le arrebató un 36 por ciento al presupuesto del Sector Salud y lo transfirió a Comunicación Social y a su Oficina que estaba a cargo de Claudio Cetina. Eran los tiempos de Alito, futuro presidente de México según la frenética campaña de elogios de los textoservidores y de los videos del cambio de chip, la estrategia de precampaña de Cetina que luego fue gallo que usaba pilas. Por supuesto, lo anterior fue pagado con el sufrimiento y la muerte de los campechanos condenados a asistir a los hospitales de la entidad, todos ellos en vías de destrucción.

Y lo que es peor, carcomido un tercio de su presupuesto en las fabulaciones del Supremo Idiota, en aquel 2017 el sector Salud tuvo que enfrentarse, además, a otra plaga llamada Alvarito Artero, una botarga voraz.

Alvarito ya había sido secretario de Salud en el sexenio de Jorge Carlos, en el que destacó por ideas fabulosas como instalar un helipuerto en el Hospital de Especialidades y por la velocidad y maestría con la que socializaba pérdidas y privatizaba ganancias. Y no obstante los antecedentes patibularios, Alito lo trajo de vuelta.

Los resultados de la nueva aventura de Alvarito en Salud, bajo la dirección del Supremo Idiota, fueron los esperados: la Auditoría Superior de la Federación documentó desvíos en esa dependencia por 257 millones de pesos.

Hace exactamente un año, Alvarito fue enviado a la delegación del IMSS, institución que estaba pasando las de Job cuando de pronto se encontró frente a las fauces de la ballena de Jonás (ustedes perdonen pero en estas fechas me da por leer cómics hebreos).

Ayer en los juegos infantiles, mientras veía a mi hijo experimentarlo todo hasta comprender que la gravedad es insobornable, me llegaron unas imágenes y la información de la que, al parecer, es la más reciente hazaña de Alvarito.

Compró una casa en la Privada de la calle 14 entre 45 y 47 del Barrio de Guadalupe, con un valor de dos millones de pesos. La casa está junto a la que habita con su familia. Y la mandó a demoler. Construirá ahí su jardín, seguramente, y si el presupuesto que la cuarta transformación le acomode al IMSS lo permite, se regalará una alberca para que reproduzca ahí la migración anual a las aguas del Mar de Cortés.

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Agenciarse el dinero destinado a la salud causa graves daños colaterales: destrucción de la infraestructura hospitalaria, desabasto de medicinas, reducción del personal médico y de enfermería, etcétera y, por tanto, agonía y muerte; esos son los cimientos en los que el doctor Alvarito ha descansado su fortuna. Me pregunto: ¿a cuántos segundos estamos de enterarnos de que Artero, en la irrefrenable carrera por devorar todos los recursos a su alcance, cometió alguna monstruosidad como la del agua salina a niños con cáncer con la que Javier Duarte alcanzó la fama mundial? Corre cronómetro.

Besitos.

Tantán.

 

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