Relatos de aniversario: Bestiómetro es capturado

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Viernes 8 de marzo: hoy se cumple un año de mi captura. Todo inició a las 3:15 de la tarde en el estacionamiento del súper Chedraui cuando una piara ministerial, que viajaba en varios vehículos, me apresó violentamente sin dar razones ni mostrar papeles. Fue un operativo tipo Navy Seal organizado por la oligofrenia judicial. En la pelotera vi que mi mujer intentaba acercarse, que gritaba de desesperación y cómo un agente de un jalón le rompió la manga de la blusa; yo perdí mi chancleta y el roce con el cemento caliente me rebanó buena parte de la planta del pie derecho, pero de eso me di cuenta después. Me encaramaron a una camioneta y a velocidad Match 3 viajamos a la ciudad de Campeche, a los separos de la Fiscalía, para iniciar la ridícula faramalla que acabaría en mi encarcelamiento.

En Fiscalía, el protocolo de las huellas, fotos, médico, firmas; ahí fue donde me ubicaron mis familiares después de muchos minutos de incertidumbre en los que incluso pensaron en un secuestro, hasta que alguien tuvo un pálpito de lucidez y dijo: fue Alito. Todo quedó claro. Llegaron a la Fiscalía y no se movieron a pesar de que no querían atenderlos, que nadie respondía a sus preguntas.

A las siete de la noche fui trasladado a Casa de Justicia para mi primera audiencia. La acusación era por no cumplir con la manutención de mi hijo durante el periodo en que Miguelito estuvo conmigo, en escuela privada y clases de beisbol y natación, de acuerdo a la petición que su propia madre me había hecho.

Harta deliberación. Los representantes del Ministerio Público presentaron las acusaciones ante el juez y de vez en cuando volteaban a verme con una ferocidad brutal, como si en verdad yo hubiera cometido un delito. Mi abogado argumentó lo suyo. Yo no sabía si reír ante la farsa o gritar porque la herida del pie era dolorosa como un partido de los Pumas. Que en 144 horas me presentara de nuevo ante el mismo juez para saber si me vinculaban a proceso, se determinó.

Salí de la sala y me dijeron que los ministeriales esperaban para detenerme again. Que estaban trepados hasta en el techo por si intentaba escaparme. Hágame el favor. Afuera aguardaba la prensa y esta vez los policías con mucho comedimiento me mostraron un papel, me indicaron de qué se trataba y me pidieron muy atentamente que subiera a la camioneta. Los pelafustanes que poco antes me habían sometido con técnicas de peleadores callejeros se habían convertido en agentes de Scotland Yard. Rumbo a la Fiscalía uno de ellos me dijo: No la agarre con nosotros, sólo obedecemos órdenes, es el patrón el que está emperrado con usted.

Regresé a la sala de juicios una hora después más o menos. Ahora el cargo era por sustracción de menores, lo que se me hizo raro porque en ese momento yo tenía la guardia y custodia de Miguel (en papel, porque tenía tres meses sin verlo, su mamá se lo llevó y hasta la fecha). Pero en Campeche la Justicia es flexible como gimnasta rumana y cualquier aberración es posible si hay interés político, económico o sólo ganas de fregar.

Otra vez abundantes deliberaciones, código aquí y ahí, artículos e incisos que brotaban como maquetas, y una ampolla enorme que me latía horriblemente y supuraba un líquido pegajoso que humedecía mi chancleta. Sí, la chancleta pródiga volvió a casa, apareció en la camioneta de la Fiscalía. 144 horas para presentarme de nuevo ante la juez y saber si me vinculaban a proceso, mientras tanto tenga su prisión preventiva.

En la madrugada del nueve de marzo del año pasado llegué a Kobén. Bajé del vehículo, pasé a la revisión de rigor y cosa curiosa, el médico que me atendió es hermano del abogado de mi exesposa y demandante. En momentos como ese uno recurre a lugares comunes como “el mundo es un pañuelo”, pero dado mi estado de ánimo lo que pensé fue: “el mundo es una hoja de papel sanitario”. Imaginé el fondo de un bote de basura en los baños de una terminal de segunda. Una punzada de dolor en el pie y retorné al consultorio.

Cuando regresábamos a la zona de detenidos, al pasillo donde dormí los primeros días de mi encierro, uno de los guardias penitenciarios comentó: Desde ayer muy temprano nos ordenaron que nos preparáramos porque lo iban a traer al mediodía. ¡Ah, caraxo!, exclamé para mis adentros y mis adentros se carcajearon. ¿Cómo es que aquí sabían desde ayer a primera hora el veredicto que la juez pronunció hace apenas unos minutos? ¿Quién pudo anticiparse a la resolución del caso si, de acuerdo a la alucinante esgrima jurídica que presencié, el desenlace siempre fue incierto? Todo era tan misterioso.

Nos vemos mañana con la siguiente fase del aniversario: Bestiómetro no encuentra abogado.

Besitos.

Tantán.

Post scriptum 1: En la imagen, la reunión de celebración del primer aniversario en Frappísimo Malecón. Rosa Santana, Raúl Sales, un sujeto no identificado y Mily.

Post scriptum 2: Por si dudan de la veracidad de este relato, del trepidante duelo jurídico y de las deslumbrantes conclusiones de los jueces, les informo que las audiencias están grabadas en audio y video. Cuestión de solicitarlos y subirlos a la red.

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