Relatos de aniversario: Bestiómetro no encuentra abogado

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En la entrega anterior, Bestiómetro y su ampolla reventada ingresaron al Cereso de Kobén en la madrugada del viernes 9 de marzo de 2018, y ahí mismo, en su inauguración como reo, confirmó gracias a los guardias que su destino estaba prefijado con anterioridad. 15 horas antes de que la juez ejecutara las riesgosas piruetas verbales, grabadas en audio y video, para dictaminar la prisión preventiva, los guardias ya sabían que el periodista llegaría para quedarse.

Durante las siguientes 144 horas, Bestiómetro habitará un cuarto rectangular pintado de verde con 10 literas de cemento, sin ventanas ni agua corriente, iluminado por una pálida luz amarilla e impregnado de un hiriente olor a mierda. Ahí se acordó muchas veces de los jueces. ¿Qué satisfacción puede haber en estudiar la licenciatura en Derecho, los postgrados y las especialidades, para terminar sirviendo como sicariato con toga de un imbécil que no concluyó el bachillerato y cuyo título profesional es un fraude? ¿Qué favor recibieron de Moreno Cárdenas, qué ascenso, cuánto dinero, qué promesa de Aysa los sedujo al punto de faltar a su ética profesional, a su honor y humanidad, condenando a prisión a un hombre inocente y dejando a un niño sin su padre?

Por las noches Bestiómetro era trasladado a uno de los pasillos para ser vigilado por los policías y por una legión de cucarachas, iba armado con su colchoneta y un envase de plástico como mingitorio portátil. Era difícil descansar ahí por el ruido de los radios con el que los guardias se reportaban cada quince minutos, por la música que ponían para sobrellevar el turno y por el pensamiento recurrente en su hijo y la dolorosa certeza de que lo habían usado para perpetrar la infamia del encarcelamiento.

Bestiómetro dejó de ver a su hijo seis meses atrás, el sábado 21 de octubre de 2017, cuando su madre se lo llevó con la indicación de regresarlo al día siguiente, de acuerdo a lo ordenado por la juez familiar Beatriz Baqueiro, y ya no volvió. En aquel entonces Miguelito y su papá habían alcanzado el mejor promedio escolar de su vida: 9.6, y pertenecía a un equipo de beisbol que lo tenía soñando con pegar jonrones.

¿Cuáles serán sus calificaciones ahora, qué deporte practicará?

En aquel pasillo, víctima de una venganza del goberladrón Alejandro Moreno Cárdenas y del buitre decrépito Carlos Miguel Aysa, el escribidor supo que pasaría mucho más tiempo sin tener cerca al fruto de su vientre y así ha sido. Hoy suma año y medio sin verlo y en buena medida estas líneas son para él, porque el Supremo Idiota y el buitre hijo de puta se irán pronto, pero él y yo seguiremos siendo padre e hijo y algún día leerá esto.

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Mientras tanto mi esposa sufría afuera. Abogados amigos le pedían que tuviera cuidado porque en aquellas primeras audiencias mis asesores no me habían defendido con eficacia, habían recursos jurídicos que extrañamente no invocaron. Algo olía a podrido en Dinamarca. Era necesario deshacerse de esa representación legal y Mily lo hizo.

Pero entonces tuvo otro problema. Nadie quería defenderme porque eso representaba no volver a ganar un pleito legal en este sexenio. Mira lo que le pasó a la juez Baqueiro, le explicaban: por darle la guardia y custodia a tu marido primero la humillaron obligándola a refutarse y después la jubilaron; meterse en esto es suicidio profesional. En suma Bestiómetro, supuestamente un simple padre irresponsable, no encontraba abogado porque todos sabían que en realidad era un preso político.

Por fin alguien mencionó al Lic. Edwin Trejo. Hubo consenso en que era la mejor opción y la decisión final se tomó cuando Ronny y Rosa reconocieron su desempeño en la defensa de Pedro Celestino May, el ejidatario lermeño, y del alcalde paliceño Pedro Cámara, el mismo que derrotó a Aysa en las elecciones de 2015 y pagó con la cárcel el triunfo.

El domingo 11 de marzo de 2018, a las cuatro de la tarde, fueron por mí a la celda de detenidos. Me llevaron a locutorios donde me esperaba Edwin. Me preguntó qué quería hacer, si irme por el amparo contra todo el proceso o sólo contra la prisión preventiva. El primero significaba quedarme mucho tiempo adentro hasta que se desahogaran todas las instancias, el segundo era más rápido en virtud de la aberrante medida cautelar para un caso que ni siquiera ameritaba un expediente judicial. Elegí lo segundo. Le pregunté sobre las audiencias del martes siguiente y si era viable que la juez cambiara de parecer, y su respuesta fue tajante: No, ni Dios padre te salva de pasarte unos meses en el tanque, es consigna. Pedro Cámara estaba detrás de mi, Edwin lo señaló y me comentó: Son hermanitos del mismo dolor.

Así fue. Permanecí dos meses en la cárcel y me sucedieron muchas cosas que iré relatando, incluso me amenazaron de muerte. Con el tiempo me olvidé de los jueces. En lo que no dejé de pensar nunca fue en mi hijo, en la vileza de que lo hayan usado por el poder, con la complicidad de la madre, para privarme de mi libertad, y en lo fuerte que le pegaba a la pelota en las tardes de beisbol. Era el cuarto en el orden al bat de los Medias Rojas de Champotón. Tengo algunos videos.

Besitos.

Tantán.

En la próxima entrega: las otras audiencias.

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