La interminable sumisión campechana

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En Campeche, el cántaro puede ir todas las veces que le dé la gana al agua, parece que no se romperá nunca. Va un ejemplo de muchos: el gobierno de Alejandro Moreno Cárdenas, que tiene como cien obras a medias, que se ha caracterizado por la mala calidad de las mismas y por los presupuestos disparatados que, además, terminan siendo siempre menores al costo final, va por una nueva y alucinante aventura: el distribuidor vial de la Avenida Central. 600 metros y 200 millones de pesos iniciales para alimentar las supremas cuentas bancarias.

Un segundo piso en el mismo lugar y con la misma gente que hace poco tiempo, durante el sexenio de Fernando Ortega, fue reducida a ruinas por la construcción de esa colosal lactancia que sólo complicó el problema de inundaciones que padece la ciudad: el Megadrenaje.

El ritual será el que todos conocemos: Alito simulará la licitación del segundo piso que ganarán las empresas relacionadas con él, por supuesto. Cumplido el requisito, esas empresas, las mismas que construyeron el distribuidor vial de La Ría que apenas dos meses después de su inauguración se está despedazando, iniciarán trabajos. De pronto, obra suspendida porque se agotaron los recursos. Solicitud de más deuda pública para cumplir compromisos, legislativo que aprueba con la entusiasta participación de los morenos. Obra terminada mucho tiempo después de lo fijado, obra que se cae mucho antes de lo esperado, y en el proceso los pocos comerciantes que sobrevivieron al Megadrenaje de Ortega Bernés son aniquilados definitivamente.

Pero deteneos aquí: si bien en cierto que el trámite de destruir la ciudad para enriquecerse que ahora ejecuta Alito no sorprende a nadie, lo que sí causa una triste admiración es la infinita tolerancia de los campechanos. Van a dejarlos sin negocio y sin empleo, a dejarlos sin nada para darle a sus familias, a exprimirlos para que el parásito Moreno Cárdenas siga acumulando fortuna, y no obstante nadie protesta, grita, marcha para impedir la masacre. Nadie resiste.

Parece que la tolerancia del campechano a las injusticias y al sufrimiento es similar a la de un cadáver, carajo.

Besitos fúnebres.

Tantán.

El sábado me llegó una invitación para firmar una petición en chance.org contra la construcción del segundo piso de la Av. Central. Pueden firmar aquí: https://bit.ly/2UT7cPV Pero les advierto que hará falta más que esto para frenar la ambición del Supremo idiota.

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