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Brevestialidades

Brevestialidades agosto/2011

23/agosto/2011

Querido diario:

Telesur anunció que en uno de sus programas nocturnos de hoy tratará el tema de la Fiesta-twittera priista en Campeche. Pero parece que el hecho de haber emparentado esa celebración con el tricolor que regentea mi amigo Miguel Salud ha cuqueado a más de uno y suscitado una serie de ataques muy fuertes contra la televizorra, cosa que, la verdad, no entiendo.

Los medios de comunicación en Campeche están vendidos al gobierno, y el control es tan asfixiante que no quedan cuarteadoras por donde pueda filtrarse otra versión que no sea la oficial. Las redes sociales son el único espacio libre de humo, donde los campechanos, y el resto de los habitantes del planeta, podemos decir lo que nos plazca sin que el gobierno, el dueño o el director del periódico, la tele o el radio nos ordenen qué decir y qué no, o simplemente nos manden al caraxo.

Era obvio, por tanto, que el gobierno campechano, tan refractario a la crítica, buscaría la manera de allegarse cierto control de ese fenómeno libertario, y lo haría de la misma forma en que busca votos o entrega material escolar a los niños jodidos que él mismo ha fabricado: pasando por un gobierno buena onda, alivianado, interesado en las cosas de los jóvenes y en las nuevas tecnologías, sonriente, saludador, apapachador y besucón, al borde del llanto si el caso lo requiere, dándole valor a Campeche y haciendo que suceda, lactancias que todavía no sé a qué imbécil se le ocurrieron. Por supuesto que por esa noche el tigre cuqueado se quedaría en casa y su alter ego se menearía al ritmo dance en Chupis.

En la fiesta el signo político era inocultable. Los invitados especiales fueron personalidades del gabinete como Gabriel Escalante, Miguel Salud y Garo; los logotipos de Twitter y Facebook extraviaron el color azul y a cambio adoptaron el rojo y el verde; el gobernador, que se resiste a venir a Champotón a rescatarnos de Xico, llegó acompañado de Carbonell, que vino a dar una conferencia sobre Redes sociales; y de los propios asistentes surgió cierta incomodidad cuando se supo que uno de los organizadores del evento sale de gira con Fernando Ortega, y otro está estrechamente vinculado al PRI de Miguel Salud.

Bajo estos hechos, hasta un beisbolista de Liga Mexicana, último eslabón de la cadena evolutiva, concluiría que la Fiesta-twittera era un festejo del PRI-Gobierno. Y repito, no entiendo por qué eso molesta tanto a algunos cuando no tiene nada de malo. Es tan válido como el rollo de la Conexión solidaria, que Telmex instala y Ortega Bernés lo asimila como un regalo suyo a su feligresía.

Lo que debería inquietar a los organizadores es el absurdo de una Fiesta-twittera, comenzando por lo siguiente: si voy al reventón, ¿debo llevar mi celular para twittear o resignarme al hábito prehistórico de conocer en persona a los que sigo y me siguen, y tal vez saludarlos de mano? Qué asco.

11/agosto/2011

Querido diario:

Pido disculpas por haberme ido tanto tiempo pero no sabes las que he pasado. Que te baste una descripción: mi equilibrio emocional parece calle champotonera. Pero regreso, diario de mis renovados anhelos, por la puerta grande con una historia que ejemplifica por qué México y Campeche están hechos una desgracia.

Hace unos 4 meses, un bajón de corriente a los que nos tiene acostumbrados la hija de puta CFE quemó mi televisión. Simplemente vimos cómo los focos parpadearon, la pantalla se apagó y no pudimos salvarla ni dándole respiración artificial vía control remoto. Después del minuto de silencio, tomé el teléfono y pregunté entre mis conocidos quién podía repararla, y todos coincidieron que Canul, allá en San Román, era el mejor. “Es más -me contaron-, él le trabaja a Sams”. Todo estaba dicho.

Al día siguiente entregué la televisión con Canul y mi corazón se llenó de esperanza cuando me dijo que la iba a checar e inmediatamente después me hablaría para informarme qué procedía.

Dos semanas después regresé solito y con la fe abollada porque nadie llamó. Ya la había revisado, me dijo Canul, y no tenía remedio. Con autoridad me relató que el problema era que la tarjeta maestra se había quemado, no tenía reparación y nueva costaba alrededor de 5 ó 6 mil pesos, lo mismo que comprar otro equipo. No era costeable la compostura.

Le pregunté que cómo era posible algo así en una televisión de modelo reciente –la había comprado hacía apenas dos años-, y marca Sony, celebrada mundialmente por su calidad y aguante. Ya no, me dijo Canul, ahora fallan mucho y la tarjeta es el mal de estas pantallas.

Ni modo, pensé, resignado en parte porque el diagnóstico me pareció irrefutable dado el prestigio de Canul, y en parte porque desde hacía tiempo quería comprarme una más grande, con más funciones, y traía en la mira láser una Samsung de no malos bigotes. Arrumbé la Sony Bravia y tantán.

Hace tres semanas, como parte de la Operación Mudanza, la traje a Champotón y se la dí a un amigo a ver si con ritos de magia negra y dosis periódicas de camaroncito podía resucitarla. Transcurrida una semana me habló para decirme que funcionaba de nuevo. La famosa tarjeta pegada a la pantalla que se había quemado y costaba un mundo de dinero, según Canul, revivió gracias a una soldadura y dos que tres malas mañas. Lo más difícil fue conseguir la pieza que le habían robado y que afortunadamente mi amigo consiguió vía Internet.

Por la revisión, diagnóstico y llamada por teléfono que nunca recibí, Canul me cobró 300 pesos; si tomamos en cuenta la pieza desaparecida, diarito de mis conclusiones fatales, Canul me robó 2 veces.

La CFE se hace pasar por empresa de clase mundial y proporciona un servicio infame por el que cobra cantidades insultantes. Por culpa de esta empresa ladrona e ineficiente fui a parar a un taller prestigiado donde, otra vez, fui engañado y robado. Se había cerrado el círculo en la misión de romperme la madre.

Si quieres reírte, hazlo, diarito cabrón, a fin de cuentas es cuestión de tiempo para que a ti te suceda algo similar, si no es que peor. Porque en este país y en este Estado ya nadie está a salvo de la omnipresente hijoeputez, aunque el olvido voluntario nos haga creernos inalcanzables.

Besitos.

Tantán.

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Soy aborigen champotonero, licenciado en Ciencias Ocultas y Administración Púbica, adicto a los Pumas de la UNAM y a las tortas de cochinita de Sacha, feliz de haber pasado media vida en reventones, orgías y actividades similares y afligido por haber desperdiciado miserablemente la otra mitad, y dedicado al periodismo para cumplir fielmente la profecía de mi abuelo Buenaventura Villarino, hombre sabio y de fortuna, que más o menos decía así: “Estudia mucho, hijo, o acabarás de periodista”. Besitos. Tantán.

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