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La visita presidencial



Hace unos días, el gobernAlito declaró que el Presidente Peña Nieto iría a Ciudad del Carmen para anunciar su legendario programa de reactivación económica. Pobre Alito, me dije, ya se volvió a chumar. Llevar a Quique Gaviotón a la isla en tiempos de la Reforma energética, que ha sumido a los carmelitas en una crisis económica sin precedentes, era como presentar a Julión Álvarez en un congreso feminista. 

Además, el estado de Campeche vive una escalada de violencia: homicidios, secuestros, robos y etcétera que, al pasar por el filtro de los medios de comunicación mantenidos por Alito, se convierten en homicidios, secuestros, robos y etcétera en el municipio de Carmen, y solamente en Carmen. Teóricamente, meter al Presidente ahí, donde según los periódicos locales gobierna el horror, equivaldría a ingresarlo en una biblioteca.  

Al final Peña Nieto arribó a Campeche, la capital, comarca moribunda que sólo da señales de vida en carnaval y donde sus habitantes, los liberales y heroicos burrócratas, han convertido la lambisconería en una de las bellas artes. Ahí recibieron al preciso y le tendieron una cama de elogios de no lactar.

En medio de un rebaño anhelante, el Presidente disertó sobre el programa de rescate económico para contrarrestar el desastre que las reformas de un tal Peña Nieto han provocado en Campeche, y los asistentes aplaudieron, celebraron y agradecieron. Y cuando Alito Moreno habló, don Gaviotito sufrió algunos espasmos y puso los ojos en blanco.

Un resumen de la visita presidencial sería este, y que me perdone don Ignacio Zaragoza: hoy, en su incursión por el hoyo negro de la Península, los sabañones de Peña Nieto se cubrieron de gloria… y humedad. 

-o-

Alito vino la semana pasada a Champotón, a Boca del Río, para entregar lanchas a los pescadores. Poco queda por capturar en el mar porque la explotación irracional y la contaminación han acabado con buena parte de las especies, pero se ve chida la foto del Supremo en los periódicos, además del encabezado a ocho columnas, y eso es todo. Lo que importa es gobernar para la grada. 

Ese día, Alito llegó en una camioneta blindada resguardada por otras dos que acarreaban a sus guardaespaldas, que de inmediato tomaron posiciones estratégicas. Además, en el agua había una lancha lista para partir y, cruzando el río, en el puerto pesquero, otra Suburban. 

Así es, lector querido, acertó: el dispositivo estaba planeado para que, en caso de algún incidente, si Alito no alcanzaba las camionetas que colocaron a un costado del presidium, podía correr hacia la lancha, cruzar el río, encaramarse en la Suburban y huir.

La lancha de emergencia me pareció fuera de lugar. Después de todo, Alito Moreno es un nadador extraordinario que en cierta ocasión cubrió la distancia de 10 kilómetros en tiempo olímpico (la información pueden encontrarla aquí: http://goo.gl/oCziHg). Pero indica con claridad una contradicción: el gobernador de la entidad más segura de México se está cagando de miedo. 

Hoy, con Peña Nieto aquí, el dispositivo de seguridad también fue excesivo. Toda la fauna posible de militares y policías se dispersó por Campeche, y el Centro de Convenciones, sede del evento, estaba blindado. 

¿Por qué tanto miedo?, pensé. A fin de cuentas el Presidente llega al estado más seguro de esta región galáctica y, en teoría, el único peligro que podría enfrentar es que Alito tomara tequila “Casa Dragones”. Pero así fue: la ciudad tuvo cinturón de castidad. Como dijo el grandísimo Monsiváis:  “O ya no entiendo lo que está pasando, o ya pasó lo que estaba entendiendo”. 

Besitos.

Tantán.

Miguel Villarino Arnábar
Mayo 6, 2016.


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Soy aborigen champotonero, licenciado en Ciencias Ocultas y Administración Púbica, adicto a los Pumas de la UNAM y a las tortas de cochinita de Sacha, feliz de haber pasado media vida en reventones, orgías y actividades similares y afligido por haber desperdiciado miserablemente la otra mitad, y dedicado al periodismo para cumplir fielmente la profecía de mi abuelo Buenaventura Villarino, hombre sabio y de fortuna, que más o menos decía así: “Estudia mucho, hijo, o acabarás de periodista”. Besitos. Tantán.

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